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Hanal Pixán o la Comida de las Ánimas

Día de los Muertos

La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.

Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.

Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.

Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

“El Monte de las ánimas” Gustavo Adolfo Bécquer.

El Día de los Difuntos sigue al Día de Todos los Santos y se celebra en honor de los muertos, está reservado a los muertos. Sigue siendo habitual que los cementerios se llenen de gente que, con flores en la mano, visitan y rezan a esos seres queridos que ya no forman parte de este mundo. Antiguamente, tanto ese día como la noche anterior eran de recogimiento y estaban vinculados, especialmente la noche del día 1,  al regreso del otro mundo de las almas atormentadas. Hoy, sin embargo, en la mayoría de países de occidente es evidente la influencia de la cultura norteamericana sobre sus tradiciones propias, y el Día de los Difuntos se ha convertido en Halloween, en una fiesta de disfraces. Pero todavía existen resistentes, baluartes de la tradición, que conservan sus costumbres incólumes, prácticamente intactas.

En México, en Pomuch, en el estado de Campeche, entre el 26 de octubre y el 2 de noviembre sus gentes celebran el Hanal Pixán, y tienen como costumbre  ir al cementerio a bañar y cambiar de ropa a sus muertos. Sí, sí, has leído bien.

Esta tradición parece ser que se originó en el siglo XV gracias a la fusión de las costumbres españolas y la cultura de los mayas. Por motivos evidentes (el cuerpo tiene que descomponerse), se han de dejar pasar como mínimo 3 años antes de bañar y cambiar a los muertos por primera vez. Una vez transcurrido ese tiempo, los familiares del difunto sacan, limpian y desempolvan cada uno de los huesos de sus muertos, les ofrecen lo que gozaban en vida y, por supuesto, les cambian la ropa. Si el baño se produce por primera vez, el osario en el que se les envuelve suele estar bordado con su nombre o con algún otro motivo, principalmente flores.

La muerte se convierte en lo que en realidad es, algo inherente a la vida. Los cementerios dejan de ser lugares tétricos para convertirse en lugares de reunión en los que, con sosiego y naturalidad, estas gentes recuerdan a sus familiares y les dan presencia en sus vidas.

Algunos dicen que si no limpias los huesos de los difuntos, se te aparecen en sueños, pues sus almas no se quedan tranquilas.

Hanal Pixán o la Comida de las Ánimas: nombre con el que se conoce en la región maya de la península de Yucatán la  festividad de Todos los Santos.

Ofrendas: una de las costumbres más extendida es dejarles comida: sopa de gallina, pan, chocolate y agua para los niños, y pibipollo (tamal de pollo horneado bajo tierra a la usanza maya) para los adultos. Además se entregan juguetes, dulces, tabaco, café, aguardiente,  fotografías…

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